La noche sin memoria

La noche sin memoria

 

 

En La noche sin memoria conocemos la historia de un novelista poli-toxicómano que dejó a un lado todo lo que no era su vocación real: escribir, renunciando durante años a cualquier tipo de trato social, donde solo le vieron ocioso en prostíbulos de poca calaña y otros antros de dudosa reputación.
Leer, escribir, y drogarse, ahí es donde nuestro narrador perdió la cabeza.

Nos situamos en una población pesquera, lugar donde el protagonista vuelve para intentar descifrar una doble desaparición años atrás a raíz de una fotografía, una donde aparecían Luda Petrova y Pinilla, dos víctimas indirectas de un entramado basado (en parte) en hechos reales.
La dinastía de los Señoritos, a bordo de su caballo de Troya el First Lady, es la boya a la que se amarra el argumento de la novela, varias generaciones ejerciendo cual mafia hasta día de hoy siendo papá Señorito el capataz y a su herencia sus dos hijos: hermano mayor Señorito y hermano pequeño Señorito.

Luda es una belleza rusa que llegó a la Ciudad escapando de la guerra chechena y marcada casi a fuego por el Capitán. Pinilla, por su parte, es un yonki homosexual sin otro pecado cometido que su relación con un Señorito.

Jordi Ledesma nos absorbe con una prosa deliciosa e inacabable, un estilo al cual se tarda varias páginas en saborear pero una vez en el paladar te engancha hasta la última página. El autor tarraconense nos mostrará ciertas historias ocurridas en su comarca como la quema de naves industriales para cobrar del seguro o el hundimiento de barcos y yates en alta mar.

Quizás la trama la conozcamos, es muy probable que hasta podamos intuir el desenlace muchas páginas antes del final del relato, una narración sin diálogos como quizás un mar en calma.
Ledesma se erige como gran protagonista en una novela en la que denuncia el mundo que vira oculto a la ley, con un poder intocable que ejerce con mano dura y sin escrúpulos sobre sus marionetas y personas anónimas que le rodean.

Paco Atero

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