Solo quería bailar (Greta García, Tránsito, Madrid, 2023) retrata una caída infinita. La de Pili. Pasa de ser bailarina a presidiaria. Dentro de este cosmos asfixiante, nos cuenta cómo acabó allí y qué gestas realiza entre rejas. Sin embargo, ella no es la protagonista de la historia. Su voz lo es. La autora opta por plasmar en escrito el andaluz oral. Crea su propio ritmo narrativo, pulsión y léxico visceral. No hay filtros. Solo flujo verbal, oral y escatológico a raudales. Todo ello salpimentado con humor.
VOCES ANDALUZAS
Según la dialectología, en Andalucía encontramos dos dialectos del español: el andaluz oriental (Almería, Granada y Jaén) y el andaluz occidental (Huelva, Córdoba, Cádiz, Málaga y Sevilla). Esta segunda variante es la que, probablemente, haya elegido la autora dado que ella es oriunda de la capital andaluza. Desde que existe la idea de lengua estándar, las hablas andaluzas han sido vistas como secundarias. Se las solía considerar de menor importancia. Hace años que esta visión está cambiando. Esto es gracias a artistas de diversas disciplinas que usan con orgullo la forma de hablar de su tierra. No es ni más ni menos correcta. Es su lenguaje familiar, de amistades, del día a día. García, igual que hizo en su día Andrea Abreu con la modalidad canaria en Panza de Burro, reivindica los rasgos distintivos del habla de su hogar. Las periferias también importan. No es necesario haber escuchado andaluz para comprender el texto de la autora. Se entiende y se disfruta a la perfección.
HABLAR, HABLAR, HABLAR
Junto a la elección del dialecto andaluz, va unida una apuesta por la oralidad. En esta novela las palabras fluyen sin necesidad de usar todos los signos de puntuación que se recomiendan. Ni siquiera se necesitan, en ocasiones, espacios entre las palabras porque, al no usarlos, se le da una fuerza que plasma la intención del hablante de la voz al escrito. Dicha fluidez constante se manifiesta en el personaje de Pili. A ella le encanta hablar. Sin descanso. Sin pausas. En su discurso abunda la espontaneidad, el humor y lo escatológico. Mencionar el ojo del culo y lo que entra o sale de él es casi una muletilla cuando se comunica con otras personas o comparte sus pensamientos. Al tratarlo desde la comicidad, no es una imagen desagradable.
HUMOR DESBORDANTE
Si bien se nos plantea el pasado de Pili, la conocemos siendo presa. Pasa de ser bailarina a reclusa. Mantener el interés y el ritmo en una historia carcelaria no es fácil. Al tener tanto protagonismo la forma del habla, lo demás pasa a segundo plano. Sobre el humor en la obra, hay varias reminiscencias al Quijote. En esta novela de Miguel de Cervantes hay violencia. Los golpes que le dan a la pareja protagonista en muchas ocasiones pueden causar carcajadas en el lector. Este mismo uso de la comicidad está presente en el texto de García. A veces, nos reímos porque alguien se ha caído de una silla. No es una situación agradable darse un golpe. Sin embargo, a algunas personas les hace gracia. Esto pasa en la ficción y en la realidad. Un buen narrador sabe dosificar este efecto en la medida justa sin ofender sensibilidades. La autora de esta novela lo consigue.
Solo quería bailar refleja el habla, el sentir, el humor y las vicisitudes de una andaluza que acaba siendo presidiaria. Su único sueño en la vida era bailar.

