La confesión de secretos inconfesables plantean al lector un rompecabezas psicológico en No hables con extraños, un thriller de sobremesa con la firma de Harlan Coben (New Jersey, 1962).
Un desconocido se le acerca a Adam Price y le dice: “Podrías haberla dejado…” Tres palabras que dejan aturdido al protagonista de esta novela que podríamos etiquetar como domestic noir.
Una breve aunque demoledora conversación inicial nos deja las bases de una trama lineal.
Adam descubre, por parte del desconocido, que su mujer, Corinne, tiene un secreto, fingió un embarazo para, presumiblemente, mantener a su marido a su lado. Adam muestra su inseguridad para hablar de ello con su esposa, y cuando lo hace, esta desaparece.
Harlan Coben intenta mantener su estilo dejándonos una situación ya conocida en sus novelas: un descubrimiento, una confesión y una desaparición.
Adam inicia una investigación, cual perro sabueso, para intentar averiguar qué sucedió en el pasado con la inquietud, a la vez, por la ausencia repentina de Corinne.
Este intríngulis no es el único en la novela, se suceden paralelamente varias confesiones más, siempre con el desconocido de por medio, siempre metiendo el dedo en llagas cicatrizadas y generando problemas en los damnificados.
En esta prosa los diálogos son demasiado largos e intrascendentes, pero invita a continuar a la espera de encontrar ese giro vertiginoso a la vuelta de la esquina. Sin embargo, así me quedé, esperando y pasando páginas con cara de póker sin hallarlos.
Un relato escrito en tercera persona que me deja frío, tengo la sensación de que Harlan Coben escribe No hables con extraños con el piloto automático, una novela con un argumento ya utilizado.
El escritor estadounidense es ganador de numerosos premios de misterio y novela criminal: el Edgar Award, el Shamus Award, el Anthony Award y el Premio RBA de Novela Policiaca. Un autor consagrado.
Paco Atero

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