Da igual

Da igual

 

Agota Kristof (Hungría, 1935 – Suiza, 2011) escribió veinticinco cuentos cuando se exilió de su país natal. Esta serie de relatos desgarradores —en ciertas ocasiones hilarantes— se reúnen en una obra titulada Da igual. Si la escritora no hubiera sufrido cierto desapego obligado hacia la vida, no podría haber creado sus historias con tanta frialdad.

DA IGUAL

Agota escribió en francés (un idioma que no era el suyo): el título original es C’est égal. La autora hace uso del surrealismo para trasladarnos a unos escenarios cuyo nexo es lo desolador. Animales y estatuas que tienen voz, abandonos, asesinatos y abusos sexuales, buzones sin correspondencia… Hay muy poca esperanza tras el telón, mucha angustia impresa para inmortalizar el testimonio de una escritora admirable.

Si se lee La analfabeta —breve autobiografía que publicó un año antes la autora—, los veinticinco cuentos que nos ocupan cobran un sentido mayor. Agota estuvo en un internado, separada de sus padres y hermanos, comiendo una rebanada de pan y pasando frío a diario. Más tarde, tuvo que abandonar Hungría y se refugió en Suiza, donde trabajó en una fábrica mientras cuidaba de su hija recién nacida. 

Las imposiciones por parte de la URSS en su país natal marcaron un punto de inflexión en su vida, pero el conflicto de identidad fue mayor cuando tuvo que adaptarse en un territorio que no era el suyo. Esta trayectoria la convierte en una escritora sin piedad alguna, en una artista que se revuelca en una especie de nihilismo o zozobra infinita.

BREVEDAD

Tanto Da igual como La analfabeta son obras muy breves; los cuentos no tienen más de 4 páginas. No sucede lo mismo con Claus y Lucas, una trilogía que ha publicado la editorial Libros del Asteroide en un solo volumen.

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