Tras Los cerros de la muerte, Mick Hardin regresa a nuestras estanterías con Los hijos de Shifty: la nueva obra de Chris Offutt (Hadelman, Kentucky, 1958). El escritor sureño se confirma como uno de los máximos exponentes de la novela policiaca sureña.
LOS HIJOS DE SHIFTY
La vieja Shifty Kissick, que ya conocimos en la anterior entrega, recurre a Hardin por la dolorosa muerte de uno de sus hijos, Cabronazo Barney, asesinado a tiros a quemarropa. La muerte del traficante de heroína local percute en el subconsciente de Hardin, éste recuperándose de un atentado con explosivos que sufrió recientemente en Afganistán.
La vida (y muerte) de un traficante carece de valor para los estamentos policiales, pero no para Mick Hardin. Su instinto como agente de la División de Investigación Criminal del ejército le basta para remover y zarandear unos cerros plagados de crímenes, violencia y drogas. Nos moveremos por ellos como por el patio de nuestra casa, eso es una de las grandes virtudes de Offutt: gracias a su talento descriptivo percibiremos de nuevo los olores y colores de los valles de sur de los Apalaches.
Como bien reza el título de esta novela, «hijos» es plural, por lo que no sólo Cabronazo Barney va a ser el único vástago de Shifty que tenga gran repercusión en esta historia. Paralelamente, y sin olvidar ni mucho menos a otra de las protagonistas, Linda Hardin tiene ante sí las elecciones para opositar como sheriff y continuar así con su labor, con la compañía de su ayudante Johnny Boy. Este evento que espera la hermana de Mick, ejerce de contrapunto a su investigación, lo que permite al lector poder ir respirando de capítulo en capítulo.
COUNTRY NOIR
Chris Offutt incide en poner luz a unas tierras infestas de problemas. Unos cerros donde el amor no está reñido con la muerte.
Los hijos de Shifty se lee como un tiro. El autor abandona el gótico sureño para confirmarse como opositor en el country noir en las montañas de Kentucky. Un peldaño donde se encuentra, por ejemplo, Brian Panowich (Bull Mountain, Como leones).

