verraco

Verraco

Pinckney Benedict (1964) escribió un compendio de cuentos o relatos allá en 1987 titulado Town Smokes (aquí Verraco), tras ser alumno de Joyce Carol Oates durante sus estudios en la Universidad de Princeton.

REALISMO SUCIO

Podemos leer Verraco como si de un ensayo se tratara, y es que nos hace conocer a los paletos o gañanes montañosos (esencial la nota al pie del traductor en el último relato) del sur de los EE. UU. en su cruel y devastadora rutina diaria (para los interesados —a fondo— en el tema, es imperdible la lectura de El manifiesto redneck rojo de Trae Crowder, Corey Ryan Forrester y Drew Morgan). A sus veintidós años, Pinckney, nos abre una ventana oculta por donde fisgonear en las vidas desamparadas y agrestes de los autóctonos de Los Apalaches.

Verraco dispone de sus propias armas —metafóricamente hablando—, es un ramillete de relatos donde abundan las armas, las muertes y el mundo rural, regado con alcohol ilegal y sus terribles consecuencias. La idiosincrasia de los palurdos es el hilo conductor de unos escritos de lo más variopintos.

Benedict recuerda (con morriña) sus años mozos, también sus vivencias, y su tierra sobremanera. La vida de los personajes que crea nos puede parecer surrealista, especialmente a este lado del charco. Es imposible empatizar con una sociedad que se toma su propia ley e infringe la muerte al prójimo sin más huella que la de sus botas sobre la tierra de un tumba. En Verraco, la variedad de armas se cuentan a manojos, el más lerdo del lugar es ávido pistolero.

VERRACO

Nueve relatos imprescindibles para los amantes del gótico sureño. Esta obra requiere de mentes abiertas alejadas de las urbes literarias. Todo lo que suceda más allá de las propiedades de los redneck se escapa de su control. No solo de la propia especie humana hablo, sino (por ejemplo) del mismo verraco Booze: protagonista de uno de los relatos y del título de esta publicación.

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